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jueves, 29 de agosto de 2019

La Fregeneda


Hay cientos, sino miles,  de pueblos distribuidos por todas las regiones de la España interior  que se están muriendo poco a poco. Pueblos con historia y cuna de los padres de los que hoy habitan las grandes ciudades, que, poco a poco, en lenta agonía, van  cayendo en el olvido e invadidos por los elementos. Sus casas y plazas, hoy desiertas y antes llenas de vida, se van derrumbado y con ellas los orígenes de muchos que crecimos en ellos. La llegada de la industrialización y la modernidad, fueron dejando vacíos, porque sus gentes deseaban una vida mejor y dejar aquella vida sencilla pero dura. No fueron culpables por ello, simplemente querían algo mejor y los sucesivos gobiernos, lejos de ayudarlos, dejaron estos lugares en la mano de Dios. Sin apenas servicios y alejados de los grandes núcleos urbanos, han perdido sus colegios, sus habitantes y la atención sanitaria, quedando como testigos mudos de alegrías y sufrimientos de sus gentes. Sus calles hablan de un tipo de vida sencilla que hoy pocos recuerdan. Cultivos abandonados, frutos que ya no se recogen y que bien podrían paliar la ruina de muchos, son invadidos ahora por la naturaleza a la que siempre habían pertenecido. Los jóvenes, sin expectativa de futuro y seducidos por las excedencias de una vida moderna pero esclava, optaron un día por marcharse, dejando atrás una infancia feliz y tradiciones que con el tiempo se perderán. Entonces no llegaba a los pueblos la modernidad de la tecnología, ahora que podría llegar, ya es demasiado tarde .
En la provincia de Salamanca, entre Lumbrales y la frontera de Portugal, a doce y catorce kilómetros respectivamente, la Fregeneda se haya rodeada de tierras de cultivo, millones de almendros y parajes de una singular belleza. Fue un día uno de los pueblos más importantes de la comarca, Rico en tierras de cultivo de almendra, olivas y algarrobos, y uno de los más importantes productores de leche de oveja y lana. Fue famoso por sus dulces, quesos y embutidos. Hoy, con apenas 400 habitantes, una población muy envejecida y unas tierras en estado de abandono, parece un serio candidato a la la desaparición. Ya no se hace el pan de antaño, las perronillas y repelados, son cosas que si no se remedia se perderán, como su folclore y sus fiestas. Como un reflejo de lo que fue, hoy todavía se puede comprar allí uno de los mejores quesos de oveja del mundo y disfrutar de sus gentes, amables de corazón, como antaño, pero hasta cuando.

Una vía férrea recorrió antaño estas tierras. Hoy, poco a poco se pudren sus puentes y se corroen sus raíles. Un recorrido de una belleza inigualable, que bien podría convertirse en ruta turística que diera nueva vida a la comarca, tal y como ha hecho Portugal; donde al contrario de lo que ha ocurrido en España, la linea de tren que va desde la estación de Pinhao a Oporto, recorriendo todo el cauce del Duero, se ha convertido en una ruta turística de obligado recorrido. Esa vía fue antaño la unión entre Portugal y España. Bastarían unas cuantas inversiones y rehabilitar uno de esos trenes de vapor para que todo volviera a funcionar. Sería una solución para que La Fregeneda y otros pueblos de la comarca volvieran a la vida; pero los políticos están en otras cosas. Están para hacer macroinversiones en aeropuertos que no se usan, en aves, que cuestan miles de millones y que se cierran por falta de viajeros.

La falta de servicios sanitarios en estos pueblos causa hoy en día muchas muertes y penurias en en las grandes ciudades no pasan. Cualquier prueba médica de importancia supone un desplazamiento de 100 kilómetros a Salamanca, algo que para las personas mayores resulta muy duro y en ocasiones fatal. La desidia de los políticos y la falta de inversiones son la causa de que La Fregeneda, como muchos pueblos pequeños con encanto desaparezcan, y que con ello se pierdan cosas irrecuperables.     

martes, 27 de agosto de 2019

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo VI



El poblado Nubio

Egipto ha sido invadido por muchos pueblos después de que las dinastías del alto y bajo Egipto se extinguieran. Los últimos en llegar y de los cuales son en su mayor parte descendientes los actuales habitantes del Egipto, fueron los musulmanes, que invadieron Egipto en el año 616 D.C. Las gentes del pueblo Nubio son quizás los últimos reductos de los descendientes directos de los antiguos habitantes del Egipto faraónico, por lo que es casi obligado hacer una visita a uno de sus poblados, aunque se trate de una visita organizada. La visita en si, y menos de esta forma, no nos va ha proporcionar mucha información sobre sus costumbres y forma de vida, pero si nos mostrará algunas de las diferencias tan considerables que hay entre ellos y el resto; además, son solo 30€
Los hombres nubios son más altos que los demás y en ocasiones tiene ojos azules, algo realmente peculiar teniendo en cuenta que son de piel negra africana. De pelo siempre rizado, se distinguen también por que algunos son rubios. Las mujeres jóvenes que pudimos ver no tapan completamente su rostro, sino que llevaban un velo simple que les cubría el pelo, un velo que dejaba ver la inusual belleza de sus ojos y rostro.
El pueblo nubio vive apartado de los grandes núcleos urbanos y conserva un idioma y tradiciones propias. Algunos de ellos viven en las tierras que, por motivos puramente turísticos, el gobierno egipcio les ha cedido al lado del Nilo. Actualmente sus escasos ingresos son proporcionados por el turismo, la venta de artesanía y fundamentalmente, por la agricultura tradicional del Nilo. Antaño, se dice que fueron los guerreros más temibles de Egipto y un pueblo orgulloso, algo que todavía se puede intuir en su serena mirada. De alguna manera se notaba la diferencia, también, de carácter de este pueblo; las formas y los gestos, la expresión de sus caras, le daban un aire diferente a las gentes que habíamos conocido hasta el momento. Quizás era simplemente que se trataba de gente pueblerina, apartada de las ciudades, pero había algo diferente en ellos.
Nubia, como se llamaba la tierra donde vivían, y que comprendía buena parte de los que es ahora Egipto y parte Sudán, era conocida como “Tai-Seiti” la tierra de la “gente del arco”, lo que da una muestra de sus habilidades guerreras.
Viendo a estas gentes se nos quedó la amarga sensación de que las tierras del Nilo eran tierras ocupadas por extranjeros que no daban el valor a lo que tenían, ajenos a las antiguas tradiciones y sus orígenes, nada que ver con el pueblo Nubio, que parecían vivir todavía en el pasado, y que sobre todo, respetaban al río que leva da la vida. Quizás esta sensación, o más bien sentimiento, tan solo fue una influenciada de la imaginación y el romanticismo, un deseo inconsciente de ver a Egipto como sería aquel antiguo y glorioso tiempo de los faraones. Un mundo que fue grande por la unión que había entre ellos respecto a un objetivo común, algo que hoy en día sería imposible de concebir.
No me cabe la menor duda, que esto es una de las principales causas que ha hecho llegar hasta nuestros días su obra. Según se dice, estas obras son tan magnificas, que si ahora la humanidad desapareciera de repente, de todos las construcciones que hemos hecho encima de la corteza terrestre, los últimos vestigios de nuestra civilización en desaparecer, serían las pirámides y la gran muralla china.
Emprendimos camino río arriba hacia el poblado Nubio con una pequeña embarcación techada y motor fuera borda. Después de pasar tanto calor en otras visitas, estar tan cerca del agua del Nilo, fue un gran alivio para todos. La embarcación, de poco calado, nos permitía tocar el agua desde la cubierta, y remojarnos, que buena falta nos hacía.
Se dice que aquel que moje su cuerpo con agua del Nilo regresará a Egipto. Sea o no verdad este dicho, no quisimos perder la ocasión de apostar por la profecía.
La embarcación pronto salio de los dominios del puerto para adentrarse en terrenos con menos asfalto en las orilla. No tardamos en ver de cerca la genuina garza del Nilo, tambien llamada Ibis con una silueta elegante e inconfundible. Su diferencia principal con las garzas normales es su pico arqueado. La silueta de esta ave ser muy importante para los antiguos habitantes de Egipto, ya que se puede ver formando parte de los jeroglíficos. Los antiguos egipcios al dios Thod con cuerpo de hombre y cabeza de Ibis.

A medida que ibamos conociendo un poco la cultura del antiguo Egipto, encontrabamos muchas similitudes con los dioses griegos, o la Roma pre-cristiana. Al igual que estas, a muchos de los dioses egipcios, los devotos sacerdotes le conferían rasgos y sentimientos humanos, trifurcas familiares y hasta sus defectos. Los dioses personificados en animales, se les atribuían las cualidades más destacadas de estos. Y cuando querían las cualidades de los animales en sus dioses, gustaban de mezclar cabezas de animales, con cuerpo humano. Los dioses, también, como en la antigua Grecia, se repartían el trabajo, ocupándose de cada aspecto de la vida cotidiana de Egipto. Sin duda es una buena forma de controlar al pueblo, pues si la cosecha es mala, es que el Dios fulanito estaba de mala leche. Si se perdía una guerra, no era culpa del monarca o general que la dirigió, sino del Dios Anobis, que se había quedado dormido en la batalla. Estaría bien que hoy en día existiesen ese tipo de dioses, así la culpa de la crisis no sería de zapatero, éste, seguramente le echaría la culpa a Orus, que estaba peleado con su madre.
Divagando yo en mis reflexiones casi me pierdo, sigamos con el relato...En que estaría pensado.

En las zonas de la travesía donde no eran visibles las viviendas, el espectáculo que nos ofrecían los margenes del río era espectacular, sobre todo en el margen derecho, donde el palmeral se transformaba en desierto en apenas unos metros. Algunos islotes, nos contaron, que estaban protegidos como reserva natural, algo muy de agradecer dada la peculiar fauna y ecosistema de estos. No pude encontrar similitud alguna con el aroma que se podía oler cunado la embarcación pasaba cerca de la vegetación, olía a río mezclado con un sin fin de extraños perfumes procedentes de los humedales y palmerales de uno y otro lado de los márgenes, era todo un espectáculo para los sentidos.
El guía nos contó algunas cosas sobre el Nilo y lo que íbamos a ver, entre ellas las grandes cascadas, que francamente, al llegar donde estaban, nos parecieron unos rápidos muy suaves. También nos habló de las rocas con forma de elefante que encontraríamos al principio de la travesía, pero tuvimos que poner en juego una gran imaginación para ver allí la manada de elefantes de la que nos habló. Ya durante la travesía, nos señaló el mausoleo del Aga Khan, que servía de tumba a un famoso imán de la secta ismaelita nizarí llamado Mahommed Shah, Para ello gastó muchas palabras de admiración y orgullo, algo normal teniendo en cuenta que él era musulmán. El mausoleo, construido en mármol blanco que estaba situado en lo alto de una colina, se erguía majestuoso iluminado por el sol del atardecer, y era visible durante toda la travesía. Según nos dijeron, había costado una fortuna. Así mismo, el guía nos señaló varias residencias de gente rica que había usurpado las orillas del Nilo para construir allí sus palacetes, unas ostentosas viviendas que destacaban sobremanera entre las humildes cabañas de los pescadores y la podredumbre del resto de viviendas.
Mas o menos a mitad de camino pudimos ver, el que según nos dijo el guía, era el árbol más antiguo de Egipto. Fuese o no verdad, lo cierto es que era enorme, y por el tamaño de sus raíces, seguramente lo era.
Para mí, amante de los parajes naturales, llegados a ese punto punto consideré ya amortizados los 35€ que costó la excursión, el resto me pareció un regalo, pero aun quedaba mucho por que ver.

Arribamos a la orilla después de, más o menos, tres cuartos de hora. El lugar me recordaba mucho a una de esas playas paradisiacas del Caribe que salían en los anuncios de televisión, con la arena blanca y las palmeras de fondo., todo era igual, salvo que detrás de unos metros de palmerales, aguardaban las dunas del desierto. Antes de atracar dos niños se agarraron a nuestra embarcación para dejarse arrastrar por ella, un juego algo peligroso, porque las hélices del barco quedaban muy cerca de donde se agarraron, pero parecían estar acostumbrados a jugar así, además, al piloto de la embarcación no pareció importarle. Ya en la orilla nos esperaban los Nubios con su artesanía y ganas de vender, pero no fueron ni mucho menos agobiantes a la hora de ofrecernos su mercancía, solo estaban allí, esperando que nos acercásemos.
El guía nos invitó ha bañarnos en aquellas aguas cristalinas que dejaban ver el fondo perfectamente, y no dudemos en hacerlo. Así pues nos quitamos las ropas que no nos podíamos haber quitado hasta ahora por motivos religiosos, y nos lanzamos al agua. Al contrario de lo que pudiese parecer por la temperatura exterior, el agua estaba fría, pero no gélida. Fue una experiencia que nos supo a poco. Yo, como muchos del grupo nos hubiésemos quedado allí durante horas, pero el tiempo en una excursión organizada siempre es escaso. Ya secos y vestidos de nuevo para no escandalizar a los habitantes del poblado, nos invitaron a subir a los camellos, que aguardaban para llevarnos hasta el poblado. Para muchos de nosotros era la primera vez que hacíamos semejante cosa. Aunque al principio me negué rotundamente a subir a lomos de aquel animal que olía a estiércol, viendo que el resto del grupo lo hacía y que me quedaba solo en mi negativa, no tuve más remedio que hacerlo; y la verdad, ahora me estaría lamentando de no haberlo hecho, pues fue una experiencia fascinante.
Lo que más me sorprendió de montar en camello fue que durante la parte del paseo en la que el animal caminaba sobre arena, apenas se notaba el balanceo, que fuera un paso suave y constante, mientras que en la parte en la que caminaban sobre suelo firme, el balanceo y la brusquedad de los movimientos se acentuase hasta tal punto que parecía que al camello se le había roto la suspensión. Era pues evidente, que aquellos animales estaban perfectamente adaptados para caminar sobre la arena del desierto, no tanto por caminos duros. Y allí, a lomos de aquel animal que ahora ya no me parecía tan temible ni tan asqueroso, me encontraba yo subido, imaginándome en una caravana persa transportando seda a Alejandría. A lomos de aquel animal que no dejaba de moverse, puse mi cámara en modo de vídeo he intenté grabar el momento, pero no me di cuenta que estaba en modo de blanco y negro. Además, el animal no dejaba de balancearse, por lo que apenas pude enfocar a mi amada que estaba detrás de mí, en otro camello. Por raro que parezca, el hecho de filmar en blanco y negro y con tanto movimiento, hizo que las tomas tuvieran un aire de misterio y originalidad, que luego al visionarla, me sorprendí.
Ya en el poblado y después de apearnos de nuestras monturas, no sin dificultad por la forma peculiar que tienen los camelos de postrarse en el suelo, pudimos visitar una casa tradicional nubia que me recordó mucho, no sé por qué, a la cultura rastafari. Dentro de una habitación a las chicas del grupo les hicieron un tatuaje con gena y probamos los alimentos tradicionales que nos ofrecieron; sabores extraños a los que nuestros paladares no estaban acostumbrados. Posteriormente, el hombre nubio que nos atendió, muy amablemente nos preparó y ofreció fumar chicha en una cachimba, o como demonios dijo que se llamaba; una experiencia divertida para un fumador, no tanto para los que no lo eran. Luego, para sorpresa de todos, el hombre nubio apareció portando un cocodrilo de unos cincuenta centímetros de largo entre los brazos. Insistió en ponerlo encima de nuestras cabezas para que nos hiciésemos fotos. Yo fui más lejos y le pedí tenerlo entre las manos. Era una sensación extraña tener aquel animal de sangre fría entre las manos, además olía a pantano, pero el animal estaba quieto y parecía tranquilo. No obstante, la chica nubia, por cierto, bellísima, que estaba haciendo los tatuajes a las chicas, no parecía cómoda con el asunto del cocodrilo, quizás debido a que no le gustasen estos animales, cosa nada extraña, o quizás porque sabía que en cualquier momento el animal podría ponerse nervioso y soltar una dentellada. Aunque no entendí lo que dijo, sus gestos me hicieron desconfiar y devolver el bicho a su dueño, por si las moscas.
Después de visitar los bazares, en los que en ningún momentos fuimos agobiados como en Abu Simbel, nos hacinos unas fotos y volvimos a la embarcación para regresar a la motonave, lo hicimos por una ruta diferente a la que habíamos llegado, de duración más corta y menos interesante.

lunes, 26 de agosto de 2019

Egipto mágico con IMAGE TOURS Capítulo III



Capítulo III

Abu Sinbel



Después de un corto sueño para recuperar las fuerzas del largo viaje y hacer la digestión, sobre las tres de la mañana nos despertaron para realizar nuestra primera excursión. Todavía somnolientos y equipados con las almohadas de las camas de nuestros camarotes y unas cajas con el desayunos, nos montaron en un autobús. La duración del viaje sería de unas tres horas y media para recorrer los aproximadamente trescientos kilómetros que nos separaban de nuestro primer destino turístico, los templos de Abu Simbel.

Lo que pude leer del lugar antes de partir de España fue que estos templos fueron descubiertos en 1813 por el explorador italiano Giovanni Belzoni, quien como muchos en Egipto, no dudó a la hora de robar todos los tesoros que encontró en el interior de los templos. El conjunto arquitectónico de Abu Simbel, compuesto por dos majestuosos edificios, fue trasladado piedra a piedra de su ubicación original por un equipo de arqueólogos e ingenieros españoles. Una tarea que comenzó en el año 1964 y que requirió de la colaboración y la ayuda económica de muchos países coordinados por la UNESCO. Como agradecimiento al gobierno español, el gobierno egipcio le regaló un templo que actualmente se ubica en Madrid.
El costoso trasladado se hizo por la inminente construcción de la presa de Aswán. De no haber sido así, hoy, este patrimonio de la humanidad, estaría bajo las aguas del lago Naser, creado artificialmente por la construcción de dicha presa. A pesar del esfuerzo por conservar los templos, actualmente sufren un fuerte deterioro por las filtraciones de agua procedentes del lago, por lo visto el templo no se ubicó lo suficientemente lejos del lago.

Quizás todo ese esfuerzo al final solo ha servido para retrasar lo inevitable, pero sin duda el esfuerzo mereció la pena, ya que de otra forma todo este magnífico patrimonio histórico no hubiese llegado hasta nuestros días. No se sabe a ciencia cierta cuantos restos de la cultura Egipcia quedaron bajo las aguas y no fueron rescatados en aquella zona, pero se tiene constancia de que fueron muchos.
Por desgracia, el rápido desarrollo de la demografía del país ha propiciado que muchas obras e infraestructuras construidas en otros lugares, hayan enterrado cientos de yacimientos arqueológicos difícilmente recuperables, yacimientos que ahora descansan debajo de carreteras, mezquitas y habitantes de Egipto.

El viaje a Abu Simbel empezó un poco accidentado, debido a las medidas de seguridad impuestas por las autoridades. Por lo visto, y según nos contaron, no hacía mucho que había habido un accidente grabe y por ese motivo, la excursión a los templos se hacía ahora siempre en convoy y protegido por ejercito. Hizo falta por ello, más de tres cuartos de hora para poner en marcha la veintena de autobuses y microbuses repletos de turistas que se dirigían al mismo lugar.
Ya iniciada la marcha pudimos comprobar porque había accidentes, la forma de conducir de los Egipcios es cuando menos peculiar. No respetaban las señales viales y realizaban adelantamientos casi suicidas. La carretera de dos carriles, para ellos era uno solo, por el que circulaban y adelantaban a voluntad, ya fuese por la derecha o por la izquierda o hubiese o no visibilidad. El arcén también parecía que fuese parte de la misma carretera, y se utilizaba también para adelantar. Pero pronto aprendimos que esto es normal allí.
Al final pudo más la fatiga del viaje y la falta de sueño que el temor a acabar en la cuneta, y los pasajeros del autobús quedaron casi todos dormidos, dejando solo el ruido del motor del autobús de fondo.


Después de muchos kilómetros, ya despiertos, tuvimos la suerte de presenciar nuestra primera salida del sol en el desierto. Un espectáculo hermoso a la vez que desolador. Ver tanta extensión de tierra desértica te da la sensación de estar en otro planeta. La luz del amanecer no es la misma a la que estamos acostumbrados. El sol inicia su andadura por el cielo con su luz filtrada por el polvo del desierto, produciendo una luz anaranjada y difusa que pronto lo inunda todo, descubriéndonos un paisaje agresivo e inhóspito. Montículos coronados por piedras negras como el carbón,que parecen abrasadas por el Sol, casas abandonas, pedazos de neumáticos en los arcenes y algún que otro esqueleto de un autobús que no pudo soportar el rigor del desierto, y que fue allí mismo abandonado; quizás como aviso para aquellos que se aventurasen ha hacer la travesía sin estar preparados. Ya cerca de nuestro destino, algún poblado y parcelas de cultivos hechos con el agua robada al Nilo, única fuente de vida.

A la llegada el sol ya estaba alto en el cielo y se hacía notar. Equipados con nuestras cámaras, sombreros y botellas de agua nos dispusimos a fotografiarlo todo, pero nos llevamos nuestra primera decepción, el guía nos dice que no se pude filmar ni hacer fotografías en el interior de los templos. No obstante las fotografías panorámicas son espectaculares, y solo por esto merece la pena el largo viaje. Aunque estas fotografías nunca harán justicia a una vivencia directa del lugar siempre nos recordarán que estuvimos allí.

Nuevamente, nada más bajar del autobús, el asalto al turista, vendedores que te ofrecen todo por un euro te ponían objetos encima, telas chilabas pañuelos, botellas de agua, todos son regalos o cuesta un euro, te cambian monedas de euros por billetes, pero nosotros lo que queríamos es ir al baño. Buscamos en los bolsillos y yo me doy cuenta de que tengo un problema. Sabía que el interior del lavabo me encontraré con alguien que me ofrecerá papel higiénico y asistencia por una propina casi obligada, será un tópico que nos acompañará en casi por todos los servicios que visitemos. Por suerte mi amada y compañera de viaje tiene algunas monedas con la que puedo salvar la situación. Le doy cincuenta céntimos de euro al sujeto y me pone cara de más, pero me da igual, lo ignoro y alivio mi vejiga.

La visita a Abu Sinbel es del todo merecedora del viaje y las incomodidades. Impresionan las dimensiones descomunales, los jeroglíficos esculpidos en la roca, la belleza de las formas y la majestuosidad y tamaño de las estatus que adornan el conjunto. El tamaño de los bloques de piedra con los que están hechos los templos son enormes, todo es impresionante, y te hacen pensar como fue posible tan magnífica construcción disponiendo solo de gente y la fuerza de bueyes de tiro como maquinaría pesada. Al contemplar aquellas construcciones me pregunto también como sería el mundo actualmente, si hubiésemos puesto nosotros el mismo empeño que pusieron ellos para hacer un mundo mejor.

Frente a los templos y bajo el sol ya abrasador, el guía nos explican un poco de historia sobre lo que estamos viendo. Nos dice que el conjunto esta compuesto por dos templos, el mayor dedicado a Ra, Ptah y Amón y el pequeño dedicado a la diosa Hathor, personificada por Nefertari, esposa favorita de Ramsés. El guía nos utilizan y empareja para que entendiésemos el parentesco de los dioses. Orus, Osiris, Nefertari, todos allí puestos bajo un sol de justicia y deseando buscar sombra. El calor no es bueno para utilizar la memoria y menos para la paciencia, y apenas recuerdo nada de todo aquello. Yo, al menos, ya estaba impaciente por entrar y encontrar sombra que me protegiese de aquel suplicio, pero allí, dentro del los templos, el calor iba ha ser igual de sofocante o más, ya que se unía la humedad precedente de la tierra y contenida en el interior.

Después de ver los dos templos por dentro, maravillarnos con su contenido y sudar de lo lindo, salimos al exterior para seguir llenando la memoria de nuestras cámaras con las fotos panorámicas. Después nos dirigimos a buscar descanso y refugio del Sol. Lo encontramos en las instalaciones aledañas a los templos, ya fuera del recinto acotado, pero para llegar hasta allí teníamos que recorrer cuatrocientos metros y pasar o obligatoriamente frente de los puestos de souvenirs, donde un ejercito de mercaderes nos estaban esperando para agobiarnos sin piedad.

Pero antes incluso de llegar al lugar donde estaban los tenderetes, a mi pareja y a mí todavía nos quedaba una pequeña lección que aprender, esta vez sobre la policía turística.
Antes de llegar, un soldado que ejercía esta función nos señaló un lugar para que hiciésemos una buena fotografía, y la verdad es que fue buena. Luego se ofreció para que nos hiciésemos una foto con él y su fusil de asalto, algo a lo que no accedí, no por mi, sino por el temor que despertó la propuesta a mi compañera. Aunque nos negamos a esta extraña propuesta, el soldado puso la mano para que le diésemos una compensación por indicarnos el lugar para hacer la fotografía. Si, por extraño que parezca te piden dinero por estas cosas allá; pero todo tiene una razón de ser.
Nos dijeron que las fuerzas armadas de aquel país están formadas en su mayoría por jóvenes sin formación académica. Estos están obligados, al contrario que los universitarios, que hacen solo un año, a realizar un servicio de tres, a demás sin paga alguna. Aquellos que pertenecen a la guardia turista, como se le llama allí, obtienen así algunos ingresos que les ayudan a pasar el trago. Es muy triste perder tres años de una vida, pero así son las cosas allí.

Después de aquella lección de la forma de vida de los guardias turísticos, pusimos paso ligero al punto de encuentro, con una idea aproximada de lo que nos esperaba en el pequeño mercadillo atestado de mercaders, por donde teníamos que pasar obligatoriamente para llegar.

Allí pronto aprendimos que si mostrábamos interés por alguna cosa estábamos perdidos. Su habilidad para engatusar y vender era algo fuera de lo común e innato. Si es la primera vez que uno se encuentra en esta situación siempre acaba en sus manos. Tenemos que tener en cuenta que el arte del regateo no es algo fácil de aprender cando se está acostumbrado ha comprar en un supermercado, coger lo que necesitas, pagar y marcharte. Eso es muy fácil, regatear no. Al principio, todos los que lo intentan por primera vez acababan con sus bolsillos escaldados. Si no quieres acabar así necesitas saber tres reglas básicas:

1.Si no deseas comprar, lo mejor que puedes hacer es mostrarte indiferente, ante lo que te enseñen o veas.
2. Si quieres comprar algo que te guste, ten muy claro lo que quieres pagar y no te importe exigir ese precio, insiste en ello hasta que te acerques lo máximo posible.

3.No te sientas culpable a pesar de lo que te diga el mercader y las escusas que te ponga, lo que nunca hará es perder dinero contigo.

Además de estas tres reglas, ten claro que no te faltarán oportunidades de comprar lo que deseas en otro sitio, sobre todo si visitas El Cairo, podrás hacerlo sin agobios y a mejor precio, incluso sin tener que regatear. Y si a pesar de todo piensas que te han levantado la camisa en una compra, puedes hacer lo que yo, piensa lo que has hecho no es dejarte engañar, sino una obra de caridad.

Después de un corto descanso en el que tuvimos tiempo para intercambiar impresiones del viaje con nuestros nuevos compañeros de fatigas, emprendimos regreso a Aswán. Antes de volver al barco debíamos hacer una visita panorámica a la gran presa que controlaba las salvajes crecidas del Nilo. Nuevamente en el camino nos volvimos a encontrar con el desierto, esta vez con el sol ya muy alto, lo que nos permitió ver en directo los espejismos que formaba el calor en el horizonte.

El desierto de Tabernas

Existen pocos lugares en el planeta  tan sorprendentes como los es el desierto de Tabernas, al Norte  de la ciudad de Almería en España.  P...